sábado, 18 de noviembre de 2017

Alejandro III de Rusia




Alejandro III

Alejandro vino al mundo en San Petersburgo en marzo de 1845 y cuando nació nada hacía pensar que un día pudiera convertirse en zar de Rusia, teniendo en cuenta que era el tercero en la linea de sucesión. Cuando aquel 10 de marzo Alejandro vio por primera vez la luz, su abuelo todavía era emperador de todas las Rusias y él era el segundo hijo del heredero al trono.

Alejandro no se parecía en nada a su padre, ni a su madre, ni a su hermano y ni siquiera su hijo llegó a parecérsele. No poseía el refinado aspecto de ninguno de ellos, tampoco su elegancia ni sus educados modales. Era grande, alto, robusto, de fuerte complexión, y además era muy tosco en sus ademanes. A decir de muchos parecía más un patán que el hijo de un emperador. 

Como correspondía a un príncipe segundón su educación no fue tan completa como la de su hermano Nicolás - el heredero - y tan sólo se le preparó para la carrera militar. El encargado principal de su educación fue el profesor de Derecho Konstantín Pobedonóstsev, que no se mostraba demasiado satisfecho de su alumno, llegando a decir : "Después de las primeras clases le pregunté sobre lo aprendido para ver qué es lo que se quedó en su mente, resulta que no quedó nada. El gran príncipe presenta pobreza de datos y de ideas". 

Parece pues que la inteligencia de Alejandro era mediocre pero en él calaron y muy profundamente las ideas de su preceptor convirtiéndose en un nacionalista exagerado y reaccionario muy alejado de las ideas liberales de su padre, razón por la que nunca estuvieron bien avenidos. 

Todo cambia para Alejandro en Abril de 1865, fecha en la que su hermano, el zarevich Nicolás, muere tras una corta enfermedad. A partir de ese momento se convertirá en heredero al trono y poco después en el prometido de la novia de su hermano fallecido. 

Dagmar de Dinamarca

Se dice que fue el propio Nicolás, en su lecho de muerte, quien pidió a su hermano que desposará a Dagmar de Dinamarca - su prometida en esos momentos - pero también es verdad que a Rusia le interesaba esa unión con la familia real danesa que, por otra parte, estaba emparentada con gran parte de las monarquías de Europa. Cabe suponer que también a Dinamarca le interesaba una unión matrimonial con Rusia. 

En junio de 1866 Alejandro visita a Dagmar en Cophenage y se formaliza el compromiso, tres meses después Dagmar llega a Rusia para contraer matrimonio. Tras convertirse a la religión ortodoxa pasaría a llamarse María Fiódorovna. La ceremonia de la boda se celebraría el 9 de noviembre en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. 

No hay duda de que Alejandro se había enamorado de Dagmar pues siempre le fue fiel y nunca se le conoció ninguna amante y esta devoción también acabó por enamorar a su esposa.

Desde el momento de su matrimonio y ya como Zarevich, Alejandro fue invitado a participar en los consejos de ministros y representó a su padre en algunos eventos en el extranjero. Mientras tanto, María Fiódorovna, nada interesada en la política, cuidaba de los cinco hijos que tuvo la pareja. 


Boda de Alejandro y Dagmar


En marzo de 1881, su padre, el zar Alejandro II es asesinado en un atentado perpetrado por el grupo terrorista "Voluntad Popular". Ocurrió en el momento en el que se disponía a firmar una serie de documentos con los que pretendía continuar con las reformas liberales que ya había emprendido y llegar, de ese modo, a una Monarquía Constitucional.

Automáticamente el zarevich se convierte en zar de Rusia con el nombre de Alejandro III. 

Los ministros de su padre le aconsejan continuar con la política liberal iniciada por éste, pero no está dentro de la mente del nuevo zar continuar con lo emprendido por su padre. En abril de ese mismo año aprobó un manifiesto que con el titulo "Sobre la firmeza del poder absoluto" proclamaba la necesidad del poder total de los zares para conseguir el bienestar del pueblo. 

Alejandro suspendió la reforma administrativa iniciada por su padre y abolió la autonomía de los centros de educación universitaria, limitando la admisión de los judíos en las universidades y prohibiendo a los colegios admitir a los hijos de sirvientes. No fueron éstas las únicas medidas contra los judíos ya que, aún sin pruebas, los consideraba culpables del asesinato de su padre y a partir de su entronización se iniciaría  uno de los "pogromos " más violentos de los que se dieron en Rusia y que obligarían a huir a miles de judios.  




Alejandro fue también el fundador de la Ojhrana, una policía política dependiente del Ministerio del Interior, que tenía como objetivo evitar actividades revolucionarias en la población y por supuesto proteger a la familia imperial de cualquier atentado. Se dice también que algunos de los pogromos fueron apoyados por ésta policía secreta. 

En 1887 la Ojhrana desmanteló a un grupo que conspiraba para atentar contra el zar. Sus integrantes fueron ejecutados, entre ellos se encontraba Aleksandr Uliánov, el hermano de Vladimir Lenin. 

No obstante, a nivel económico Alejandro logró la estabilidad. Los nuevos impuestos aduaneros y la reforma del rublo tuvieron efectos beneficiosos sobre la economía del país. También hizo ahorros personales, disminuyendo el presupuesto general destinado a palacio y ahorrando a base de limitar el número de sirvientes, las fiestas y hasta prohibiendo que se sirviera vino extranjero en su mesa y se utilizara tan sólo el autóctono. 

En lo que nunca ahorró fue en las obras de arte y el Palacio de invierno y los museos de San Petersburgo están llenos de obras adquiridas por él. 

También durante su reinado se iniciaron las obras del ferrocarril Transiberiano. 

En 1894 Alejandro empezó a encontrarse mal, tenía nauseas, dolor de cabeza y perdía peso. Sus médicos, entre los que se encontraba el eminente doctor Sergey Petrovich Botkin diagnosticaron una nefritis. Su cuñada, Olga, le ofreció su palacio de la isla de Corfú para que se repusiera y Alejandro y su esposa emprendieron viaje hacia Grecia. Nunca llegarían.  

Cuando se encontraban en Crimea la debilidad del zar era demasiado grande como para seguir viajando y decidieron instalarse en el Palacio de Livaida. Allí lo encontró la muerte.

Alejandro murió el 1 de noviembre a la edad de 49 años. Todos sus descendientes serían asesinados 23 años después.

Fue enterrado en la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

María José de Bélgica, Reina de Italia







María José fue una mujer desdichada, las adversidades la acompañarían a lo largo de toda su vida que había comenzado el 4 de agosto de 1906 en Ostende. Hija de los reyes de Bélgica , Alberto e Isabel, era la más pequeña de tres hermanos, una preciosa niña de rizado pelo y limpia mirada. 

Tenía ocho años cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Sus padres, deseosos de evitarle posibles peligros, la enviaron a un internado inglés mientras ellos permanecían en Bélgica. No obstante, María José, volvía con frecuencia a su país y cuando lo hacía solía acompañar a su madre a los hospitales para visitar a los heridos de guerra. Probablemente a estas visitas y a lo que en ellas veía se debe la profunda germanofobia que desarrolló. 

El destino de María José lo marcarían sus padres al final de la Gran Guerra. Católicos como eran, consideraron que el mejor candidato para convertirse en esposo de la niña era Humberto de Saboya, príncipe heredero a la Corona de Italia, y otro tanto parece que pensaron los católicos reyes italianos.

María José pasó su juventud sabiendo cual era su futuro y según deja escrito en su propio diario no le desagradaba el novio elegido. Era atractivo y tenían algunas cosas en común, como su inclinación por el arte y la literatura.

La boda tuvo lugar en el Palacio del Quirinal, el 8 de enero de 1930. Humberto era un joven muy apuesto y ella era una de las princesas más bellas y elegantes de Europa. En el momento en que se realizó el matrimonio Italia estaba gobernada por Benito Mussolini. 

A pesar de lo que pudieran aparentar, el matrimonio fue desgraciado. Años después, María José afirmaría en una entrevista: " Nunca fuimos felices". Muchas cosas influyeron en la infelicidad conyugal entre ellas la educación de ambos que era radicalmente distinta. Humberto había cursado estudios en la academia militar de Módena y por tanto había estado sometido a una disciplina que nada tenia que ver con el carácter y las ideas liberales de su esposa. Además los rumores sobre la posible bisexualidad de Humberto, que también llegaban a oídos de la princesa, fueron otro de los  motivos de distanciamiento. 




Benito Mussolini contribuiría a la mala relación de la pareja. Las ideas progresistas de Maria José chocaban frontalmente con la práctica fascista del dictador Mussolini y, como consecuencia, éste se encargaría de vilipendiar la imagen de la princesa. En los medios sociales se criticaba su forma de vestir, de peinarse, se la acusaba de frívola y se llego a decir que evitaba tener descendencia para perjudicar a la Corona de Italia. Lógicamente esto quedo desmentido en la primera gestación de la princesa. 

Las desgracias siempre estarían presentes en la vida de Maria José. El nacimiento de su primera hija se vería ensombrecido por la muerte de su padre, como consecuencia de una caída mientras escalaba una montaña. Poco después fallecería su cuñada Astrid, la esposa de su hermano, el nuevo rey de Bélgica, y también de forma trágica. 

La aversión de Mª José por el fascismo era clara y notoria y no obstante se llegaría a decir que entre Mussolini y ella habían existido relaciones sentimentales. 

Cuando estalla la segunda guerra Mundial Maria José intenta ayudar a los prisioneros de guerra belgas con pobres resultados. Su actitud la enfrentaba con su familia política ya que, el rey Victor Manuel, había aceptado sin oponerse la pérdida de la democracia en su país y el cambio a la dictadura de Mussolini. También había permitido la alianza con la Alemania nazi y la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial hasta que, en 1943, y cuando la victoria de los aliados parecía inminente los jerarcas fascistas solicitaron al rey que destituyera al Duce y formara un nuevo gobierno y el rey se apresuró a obedecer.




Hitler consideró una afrenta la destitución de Mussolini y Wehrmacht lanzaría sus tropas contra Roma antes de que los aliados pudieran prestar su ayuda a los romanos. La Familia Real huiría de la capital italiana de inmediato provocando con ello el descontento de los italianos.

En 1946 y para salvar una Monarquía altamente desprestigiada Victor Manuel, cuya hija, la princesa Mafalda, acababa de morir en un campo de concentración nazi, abdica en su hijo Humberto. Era el 9 de mayo de 1946.

Mª José se ve por tanto convertida en Reina, pero su reinado y el de su esposo duraría tan solo 33 días. El 9 de junio, y tras un Referéndum, Italia proclama la República y ordena el exilio de los Monarcas que junto a los cuatro hijos que ya tenían embarcan en el Ducca degli Abruzzi, un barco de guerra de la marina italiana, trasladandose  a Portugal.

Allí se instalaran en Cascais - como tantas otras cabezas destronadas de Europa - en un palacete al que llamaron Villa Italia.




El matrimonio, que nunca fue bien, se desmorona en el exilio y, mientras el  depuesto rey Humberto permanece en Cascais con sus tres hijas,  Mª José y su único hijo varón se instalan en Suiza. Nunca se divorciaron pero la separación fue un hecho y pasó una enorme factura a la familia. La vida de los hijos y nietos de los últimos reyes de Italia estuvo salpicada por los escándalos, los divorcios, el alcoholismo, la drogadicción y las tragedias. 

Mª José moría el 27 de enero de 2001 en el Hospital cantonal de Suiza como consecuencia de una bronconeumonía que no logro superar. 

Durante los 93 años que duró su vida fue Reina durante un mes, tuvo cuatro hijos de un matrimonio fracasado, vivió dos guerras mundiales, perdió a dos cuñadas, Astrid y Mafalda, de forma trágica, su  yerno, Luis Reyna, fue asesinado y uno de sus nietos murió al lanzarse desde una ventana en un acto suicida. Además durante gran parte de su vida tuvo que ver reflejados en todos los periódicos europeos los escándalos protagonizados por la gran mayoría de sus descendientes.

No fue feliz pero supo llevar su infelicidad con una enorme dignidad y elegancia. 

Sus restos mortales descansan en la Abadía de Hautecombe, en la Saboya francesa.

domingo, 22 de octubre de 2017

María Josefa Amalia de Sajonia, esposa de Fernando VII





 María Josefa de Sajonia - Francisco Lacoma y Fontanet - Museo del Prado



Fernando VII, a pesar de tener tan solo 34 años, había quedado viudo dos veces y lo que es peor sin descendencia. Así pues, urgía buscarle una esposa y a ser posible joven para que el tiempo de procreación fuera lo bastante dilatado como para asegurar la descendencia. 

La elegida será María Josefa de Sajonia, prima segunda y sobrina segunda del Monarca lo cual, como es sabido, no importaba en absoluto a la realeza. 

La princesa había nacido en Dresde en 1803 y tenía en aquel momento 15 años. Había quedado huérfana de madre a los pocos meses de su nacimiento y su padre, Maximiliano de Sajonia, la envió a un convento de monjas en la creencia de que éstas educarían a su hija como correspondía a su rango.

María Josefa salió de los muros del convento para contraer matrimonio. Era una niña tímida, ingenua e inexperta a la que nadie en el convento había osado preparar para el destino matrimonial que por su condición de princesa la esperaba. La pobre criatura pensaba que los hijos los traía al mundo una cigüeña, muy trabajadora y muy hábil en estos menesteres, y que ella tan solo tendría que abrir los brazos para recibirlos. 

Si ya era difícil para una niña, sin ninguna información sobre la vida sexual, enfrentarse al matrimonio hay que imaginarse lo difícil que debió ser, para una criatura como ella, ser desposada por un hombre veinte años mayor, nada agraciado fisicamente, con algún que otro achaque de salud -no hay que olvidar que ya sufría gota - y bastante avezado en correrías de faldas. 

Ignorando lo que la esperaba María Josefa llegó a España en octubre de 1819, llevando en su séquito como médico personal al Dr. Koberwein. El matrimonio se celebraría en Madrid, el día 21 de ese mismo mes y esa misma noche decide Fernando VII intimar con su esposa. 


Fernando VII - Francisco de Goya - Museo del Prado


Nadie se había preocupado de explicar a la joven reina la anatomía de un varón y tampoco nadie la había informado sobre la serie de prácticas requeridas e indispensables, al menos en aquellos años, para la procreación. 

Así que llegada la noche y cuando se vio ante Fernando VII, dispuesto éste a enseñarle todo lo que la joven debería haber sabido, fue presa del pánico. María Josefa sufrió una crisis nerviosa de tal magnitud que llegó a defecar y a orinarse encima en aquel mismo momento.Parece ser, según nos cuentan, que el rey  "al poco de entrar salió de la alcoba regia más que deprisa, en paños muy menores, echando pestes y apestando".  

A partir de aquella noche Dª María Josefa se negó a admitir contacto intimo con su esposo, convencida como estaba que ello era altamente pecaminoso y mancillaba su virtud. Ni su médico personal ni capellanes ni religiosos de la Corte la hicieron cambiar de idea y no hubo más remedio que comunicar al Papa la situación, bien para que la hiciera entrar en razón o bien para que dispusiera anular el matrimonio.

Intervino León XII y solo por ello consintió la reina aceptar a su esposo en su alcoba , no obstante y, tal vez, con la esperanza de evitar aquello que tanto le repugnaba, suplicaba a D. Fernando cada noche, que ambos rezaran el santo rosario antes de que el rey iniciara cualquier acercamiento. 

No es de extrañar que dadas las circunstancias los hijos no llegaran. Fernando VII, al que gustaba y mucho su esposa, no cejaba en su empeño y llevó a la reina en varias ocasiones a tomar las aguas de Sacedón y de Solán de Cabras pues los médicos las recomendaban para aumentar la fertilidad. Se cuenta que en una ocasión en la que viajaban hacia Solán en un caluroso mes de agosto y por polvorientos caminos, el rey sacando la cabeza perlada de sudor por la ventanilla del carruaje le dijo al oficial que cabalgaba junto al vehículo : "! De este viaje salimos todos preñados… menos la Reina!" 


María Josefa Amalia de Sajonia - Luis de la Cruz y Ríos - Museo del Prado


Lo cierto es que durante los diez años que duró su matrimonio no se produjo ninguna gestación de Dª María Josefa. Nunca intervino en la política del Reino, tan sólo le interesaban las obras de caridad, procuraba evitar cualquier evento festivo y su mayor distracción consistía rezar y escribir poesías. 

En abril de 1829, y encontrándose los reyes en Aranjuez, la reina enferma. La crónica de esta enfermedad se conoce gracias a las cartas que Fernando VII escribe a su secretario privado D. Juan Manuel Grijalva. En un primer momento la enfermedad parecía ser tan solo un resfriado que fue tratado por el Dr Castelló, médico de la Corte. Pero, poco a poco el estado de la reina fue empeorando, aparecieron las fiebres y la tos y como era costumbre en la época se iniciaron las sangrías. 

El estado de María Josefa no mejoraba y el Dr Castelló manda consultar a otros tres médicos ante la sospecha de que la egregia dama sufriera una pulmonía. De nada sirvió puesto que nada pudieron hacer los médicos consultados. La reina falleció el 18 de mayo de 1829, con tan sólo 25 años.
Fernando VII se encontró de nuevo viudo y sin descendencia.

Sus restos, al no haber dado hijos a la Corona, reposan en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.

martes, 25 de julio de 2017

Eulalia de Borbón, Infanta de España


Eulalia de Borbón - Giovanni Boldini



En la madrugada del día 12 de febrero de 1864 la reina Isabel II alumbraba en el Palacio Real a la última de sus hijas. Se le impondría el nombre de Eulalia ( por ser la santa del día de su nacimiento) y una larga lista de otros nombres, continuando así con la costumbre de la Casa Real española.

 Eulalia contaba apenas cuatro años cuando en España se desató " La Gloriosa", la revolución que traería como consecuencia el exilio de la reina y de su familia. Se trasladaron a Paris, instalándose en el palacio Basilewsky, que, dado el casticismo de Isabel II, fue rebautizado de inmediato pasando a llamarse palacio de Castilla.

Eulalia y sus hermanas ingresaron en el colegio del Sagrado Corazón, y la infanta guardaría de él muy gratos recuerdos. La etiqueta era, lógicamente, menor que en Madrid y esa libertad de la que gozaba la rememora Eulalia en sus memorias escribiendo que "todo era fácil, alegre y grato en aquel París risueño del último periodo imperial". 

Cuando se produjo la restauración de los Borbones en el trono español, Eulalia tenía 11 años. Su hermano Alfonso regresó a España pero tanto ella como su madre y hermanas - excepción hecha de la Infanta Isabel que, al ser la mayor, sería nombrada Princesa de Asturias - permanecerían en París ya que, no serían autorizadas a pisar suelo español hasta un año después.

A pesar de sus pocos años, Eulalia aparecía como la más guapa de las hermanas. Era rubia de ojos claros y tez blanca, tenía una hermosa figura y demostraba, ya en aquellos años, una gran sencillez y un cierto carisma.

Eulalia con Isabel II y sus hermanas


La vida transcurría para Eulalia entre Sevilla y Madrid y la experiencia del regreso a la Patria no parece que fuera de su agrado, acostumbrada como estaba a una vida más libre y con mayores distracciones. La propia Eulalia confesaría que no tenía amigas con las que divertirse.

La destronada Isabel II había regresado a Paris y Eulalia y sus hermanas, instaladas en el Palacio Real, habían visto casar a su hermano con Mª de las Mercedes de Orleáns, quedar viudo de ésta y volver a contraer matrimonio con Dª Cristina de Habsburgo.

Cuando la segunda boda de su hermano se celebra Eulalia tenía 15 años y por razones de etiqueta no podía asistir a los saraos que se celebraban pero, fue justamente durante esta boda cuando tuvo lugar el primer escarceo amoroso de la Infanta.

El Archiduque austriaco Carlos Esteban, hermano de María Cristina, acudió a Madrid para la boda y parece ser que Eulalia, según nos cuenta ella misma, al ver lo apuesto que era quedó vivamente impresionada. Sin pensarlo dos veces, y desobedeciendo las ordenes de su hermano el Rey, acudió a su encuentro y entre ambos surgió el flechazo. Aquel primer amor se diluyó tan rápidamente como había surgido, pero da cuenta del indómito carácter de la Infanta.

Eulalia se sentía como una extranjera en España, su espíritu liberal chocaba de frente con el encorsetamiento de las damas españolas y su exacerbado catolicismo. Por otra parte las relaciones con su hermana Isabel eran francamente malas, las separaban diez años y un modo de entender la monarquía diametralmente opuesto.

En Sevilla conocería Eulalia a otro de sus amores juveniles: Carlos de Portugal, heredero a la Corona lusa. A pesar de que ambos se enamoraron no entraba en los planes de Eulalia convertirse en Reina y rechazó al pretendiente aunque, según José Mª Zabala, se convirtieron en amantes y parece ser que esta relación perduraría hasta que en 1907 se produjo la muerte de D. Carlos.

Como ocurría siempre, las razones de Estado imperaban y el Rey ya tenía pensado el candidato que convenía a la Corona española como marido de Eulalia. El elegido era Antonio de Orleáns y Borbón, hijo de los duques de Montpensier y por tanto su primo carnal. No era del agrado de Eulalia pero cuando Alfonso XII, ya mortalmente enfermo, pide a la Infanta que acepte el compromiso ella, conmovida por la inminente muerte de su hermano, prometerá hacerlo.


Antonio de Orleáns y Borbón

No le quedaría mas remedio que cumplir su promesa. La presión de su madre y de su hermana Isabel serían más fuertes que su deseo de rechazar al novio y la boda se celebró el 5 de marzo de 1886 en el Palacio Real de Madrid.

Ninguno de los dos estaba enamorado y el carácter de ambos era completamente distinto. Eulalia era inteligente, cosmopolita e independiente y Antonio un hombre excéntrico, amante del lujo, mujeriego y de limitada inteligencia.
 Desde el momento en que Eulalia se convirtió en una mujer casada se le empezaron a encomendar tareas de representación y comenzó su etapa viajera. Estaba presente en todas las cortes europeas junto a su esposo pero, a pesar de que los hijos habían comenzado a llegar el matrimonio hacía aguas. Antonio de Orleans tenía sus amantes y Eulalia no le iba a la zaga y también tenía los suyos. De entre ellos quizás el más conocido, en aquella época, fuera el conde francés Jorge Jamentel.

En los periodos entre viajes Eulalia regresaba a Madrid, lugar que detestaba y donde no encontraba ningun aliciente. La regente, Mª Cristina, era una viuda triste y con su hermana Isabel jamás se había llevado bien. En 1893 realizó, representando a España, un viaje por Estados Unidos y Cuba, tal vez, el más emblemático y conocido y también el más comprometido.

Eulalia y su esposo dejaron de aparecer juntos en 1895, aunque hasta cinco años después no se produjo la separación oficial. Fue la propia Eulalia quien la solicitó al darse cuenta que la suma de dinero que recibía del Estado español como Infanta y que era administrada por su esposo, disminuía considerablemente antes de llegar a sus manos. El escándalo corrió como la pólvora, removiendo los cimientos de la realeza y de la nobleza europea.

Eulalia junto a sus hijos

Eulalia se trasladaría a Paris, huyendo de los acusadores ojos de su familia, de los políticos españoles y de la nobleza. La custodia de los hijos le sería otorgada al padre y éste se apresuraría a enviarlos a un internado inglés. Ni Eulalia ni su exmarido se ocuparían demasiado de ellos.

Comienza entonces un periodo muy "agitado" en la vida de la Infanta que , ya libre, recorre todas las cortes europeas participando en cuantos actos sociales se celebraban. También se relaciona con intelectuales y artistas tanto de izquierdas como de derechas, monárquicos o no, lo que ampliaría su mente y sus conocimientos. Su familia empezaría a referirse a ella como "la republicana" y por su parte, Eulalia llegaría a decir que "Ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse". Fue una premonición.

En 1911 protagonizaría otro escándalo al publicar "Au fin de la vie" su primer libro, que fue prohibido en España por Alfonso XIII, y tachado de inmoral y escandaloso por la sociedad española. Después escribiría otros.

Los cuatro años que duró la Primera guerra Mundial los pasó en Paris, sin escuchar a familiares y amigos que le pedían que regresara a España. No volvería hasta 1921 y por poco tiempo. Las relaciones con su familia se habían ido suavizando, a pesar de que la desenfrenada vida de su hijo Luis Fernando - tan parecido a ella - tenía muy irritado a Alfonso XIII, que le había desposeído de su titulo de Infante y le había prohibido la entrada en España.

Cuando en 1931 se produce la caída de la Monarquía en España y el exilio de los Reyes, Eulalia estaba en París y acababa de escribir sus memorias.



Al acabar la Guerra Civil española, la Infanta compraría una villa en Irún a la que pondría el nombre de Ataúlfo en honor a su nieto y se instalaría en ella. En 1945 murió su hijo Luis Fernando en París sin que ni siquiera Eulalia fuera a su entierro. Su respuesta a quienes le dieron sus condolencias fue: "es lo mejor que podía haberle pasado Luis Fernando".

El febrero de 1958 Dª Eulalia sufrió, según el Dr Gallano que era su médico, un colapso circulatorio. Cuatro meses antes la Infanta, que contaba ya 93 años, había sufrido una caída que la dejó postrada y de la que no se había recuperado. En la tarde del 8 de marzo la enfermera Hortensia Gonzalez Quiñones, a cuyo cuidado estaba, viendo que la infanta se había agravado dio aviso al medico que nada pudo hacer por su vida.

Dª Eulalia acababa de cumplir 94 años y murió rodeada de su hijo Alfonso, de su nuera y de sus nietos. Los periódicos de la época, como no podía ser de otra manera, dijeron que había confesado, comulgado y que su muerte había sido ejemplar.

Recibió sepultura en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.

martes, 18 de julio de 2017

GRACIAS MACONDO



Chema, me dedica hoy en su blog Bitacora de Macondo, una de sus Macondobiografías. Quiero darle las gracias por ello y por lo que en ella dice.

Añadiré que no me siento identificada con el papel de profesora o "señorita" de nadie, ya me gustaría a mi saber lo suficiente de algo y ser capaz de trasmitirlo.

Así que gracias por dedicarme una de tus páginas y por tu benevolencia.

jueves, 1 de junio de 2017

Maximiliano de Habsburgo, Emperador de México



Maximiliano de Habsburgo. Winterhalter



Era el 6 de julio de 1832 cuando nacía en el palacio de Schönbrunn en Viena el segundo de los hijos de los Archiduques Francisco Carlos de Habsburgo y Sofía Wittelsbach. Maximiliano era un niño rubio, guapo, comunicativo y alegre y se convirtió en el favorito de su madre y de su hermano mayor, Francisco José, el futuro Emperador de Austria.

Como era costumbre en la Corte austriaca su educación, a cuyo cargo estaba el conde Enrique de Bombelles, fue rigurosa, muy completa y severa. Sentía una inclinación especial por todo lo cultural : el arte, la historia y la literatura eran sus asignaturas favoritas.

Desde los 18 años pasó a servir a la Armada de Austria. En 1852 el buque en el que servía hace una parada en Portugal y allí conoce a la princesa María Amalia, hija del Emperador Pedro I de Portugal. Ambos se enamoran y se prometen en matrimonio aunque en aquel momento todavía no se hace oficial el compromiso. La felicidad de Maximiliano duraría muy poco puesto que Amalia moriría en febrero de 1853 víctima de la tuberculosis. Fue un duro golpe para el Archiduque del que tardaría en recuperarse puesto que Maria Amalia había sido el amor de su vida.

Durante los tres siguientes años se dedico a cumplir con su trabajo en la Armada de la que ya era contralmirante, y por lo tanto a viajar por medio mundo. Pasado ese periodo se consideró que era momento de que tomara esposa y se empezaron a barajar posibles candidatas.

A sus 24 años Maximiliano era un hombre guapo, alto, elegante y de buenos modales, en definitiva un perfecto caballero. Es a esa edad cuando conoce a Carlota de Bélgica, ocho años menor que él y que quedó absolutamente impresionada por el Archiduque. No le ocurre lo mismo a Maximiliano que sigue soñando con su amor perdido.


Carlota de Bélgica. Winterhalter


No le quedó más remedio a Maximiliano que sucumbir a los deseos de la princesa belga,tanto el padre de ésta, el Rey Leopoldo I - dispuesto siempre a satisfacer a su hija - como la Reina Victoria de Inglaterra y su propio hermano Francisco José, consideraron que éste era un matrimonio conveniente, dada la inmensa fortuna de la joven.

Contrajeron matrimonio en Bruselas. el 27 de julio de 1857 y Francisco José de Austria, cediendo a las presiones de Leopoldo I, nombró a Maximiliano Virrey de Venecia y la Lombardía y en Italia vivieron los siguientes años. Carlota, tenía una gran cultura y, tal vez, por haber estudiado junto a sus hermanos, daba la impresión de que había sido educada para gobernar. Se convirtió en la asesora de su marido en todos los temas políticos y como éste tenía una gran facilidad para empatizar con la gente la pareja fue muy popular.

Maximiliano nunca fue un hombre de buena salud, desde muy joven eran frecuentes en él las cefaleas, los dolores de estomago, los resfriados, las anginas y es posible que esa fuera la razón por la que no le gustaba trasnochar y por la que daba largos paseos al aire libre. De naturaleza nerviosa, solía encerrarse en su habitación cuando tenía algún conflicto evitando cualquier contacto con el mundo exterior.

En 1859 el Piamonte y Francia declaran la guerra a Austria y ésta pierde el control del norte de Italia. Maximiliano y Carlota se refugian en Trieste donde años antes el Archiduque había hecho construir el Castillo de Miramar. Maximiliano era feliz allí, estaba frente al mar - una de sus pasiones - y podía dedicar su tiempo a sus aficiones. No ocurría lo mismo con su esposa que languidecía de aburrimiento sin que el " dolce far niente " le causara otra cosa que un cuadro depresivo.

Mientras la vida de los Archiduques transcurría plácidamente en Trieste en México la Guerra de la Reforma había dejado al país arruinado y endeudado con Francia, Inglaterra y España. En octubre de 1861 las tropas de los tres países llegan a México. España e Inglaterra firman un tratado con el gobierno liberal de Juárez y se retiran pero Francia permanece, dispuesta a crear en México un Estado satélite de Francia.
Después de la derrota de los republicanos se acordó volver al sistema monárquico y constituir el Segundo Imperio Mexicano. Tras varias deliberaciones el partido conservador ofrecería el Imperio a Maximiliano de Habsburgo.

Castillo de Miramar

Carlota se entusiasmó con la idea de gobernar un imperio, no tanto Maximiliano que se encontraba feliz en su retiro. La presión que sus familiares y su esposa ejercieron sobre él no le permitirá otra cosa más que la aceptación de la propuesta. Previamente a ello renunciaría a sus derechos dinásticos a la Corona Austriaca.

 Desembarcaron en Veracruz en mayo de 1864 y fijaron su residencia en el castillo de Chapultepec. Y desde ese momento empiezan a preocuparse por ser unos buenos gobernantes, pero la situación en Mexico era caótica. El nuevo Emperador recorría las ciudades y pueblos de su Estado en un intento de conocer sus problemas y familiarizarse con ellos, dejando a Carlota como regente durante sus ausencias. De temperamento liberal, Maximiliano se esforzaba en gobernar para todos los mexicanos y mejorar las condiciones de un país que se encontraba en bancarrota pero sólo conseguiría el descontento de todos. Los liberales, que además eran republicanos, se oponían a un gobierno monárquico y los conservadores consideraban que la política del Emperador era demasiado liberal. Tampoco los franceses estaban contentos porque entendían que sus intereses no estaban siendo suficientemente defendidos.

Carlota y Maximiliano dormían en habitaciones separadas y no parece que entre ellos existiera una relación marital. Para explicar ésta situación se dispararon los rumores. Se dijo que Maximiliano era impotente y sifilítico pero nada de ello ha podido ser probado. Ni los doctores austriacos Semeleder, Jilek, Bohuslavek, ni el doctor Samuel Basch, que siempre le acompañó, ni siquiera el medico mexicano Rafael Lucio - que había entrado al servicio del Emperador ante la inexperiencia de los médicos austriacos para tratarle unas fiebres intermitentes - han confirmado estos rumores, es más, nunca han hecho alusión a ellos.

La razón de que una pareja joven, que parece amarse, esté unida tan sólo por lazos platónicos - y más si se tiene en cuenta que todo Imperio necesita un heredero - resulta un misterio que no ha podido ser esclarecido. Su propio secretario Jose Luis Blasio relata su asombro cuando en un viaje a Puebla le muestra a Maximiliano el dormitorio que había sido preparado para él y la Emperatriz y Maximiliano, sin disimular su enojo, ordena le sea preparado un dormitorio alejado del de su esposa.



Maximiliano I de México. Winterhalter. 1864

La situación de los nuevos emperadores mexicanos era cada vez más difícil, puesto que los partidarios de Benito Juarez luchaban por ocupar cualquier parte del territorio y el ejercito francés era incapaz de controlar la totalidad del Estado. Un hecho exterior acabó de desestabilizar el poco equilibrio de la Monarquía. En 1865 había terminado la Guerra de Secesión de los Estados Unidos y su nuevo gobierno - a quien parece ser que no convenía tener en el continente americano una monarquía enraizada en Europa - decide apoyar a Benito Juárez.

La injerencia de Estados Unidos y el hecho de que Francia se encontrara en pleno conflicto con Prusia llevan a Napoleón III a retirar sus tropas de México dejando a Maximiliano en la más absoluta soledad. Ante esta situación Maximiliano se plantea abdicar pero Carlota no quiere ni oír hablar de semejante renuncia y decide viajar a Europa para recabar ayuda. Partirá hacia el viejo continente en de septiembre de 1866 y ese será el último día que verá a su marido.

El ejercito de Benito Juárez avanzaba hacia la ciudad de México, Maximiliano y sus colaboradores más leales deciden partir hacia Querétaro. El 13 de febrero de 1867 sale del Palacio Imperial.

Tardaría seis días en llegar a Querétaro y una vez allí establecería su cuartel general el el convento de la Cruz. Durante meses el ejercito de Juárez los mantendría sitiados hasta que el 15 de mayo Maximiliano, junto a sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, caería prisionero. Los tres serían juzgados por un tribunal militar y condenados a muerte. Todas las monarquías europeas abogarían ante Benito Juárez solicitando la conmutación de la pena. Todos los esfuerzos serían en vano.

El 19 de junio de 1867, en el Cerro de Las Campanas y junto a Miramón y Mejía, Maximiliano de Habsburgo sería fusilado.

El efímero Emperador murió con un " Viva México" en los labios. Su cadáver fue repatriado y recibió sepultura en la Cripta Imperial de la Iglesia de Los Capuchinos de Viena.

domingo, 14 de mayo de 2017

Alejandra Románova, Zarina de Rusia







Alejandra nació el 6 de junio de 1872 en el Neues Palais de Darmstadt, la capital del Gran Ducado de Hesse, siendo la sexta hija de los futuros Grandes duques: Luis de Hesse y Alicia del Reino Unido y nieta por lo tanto de la Reina Victoria I. Fue una niña hermosa, rubia, de ojos azules y desde el principio fue llamada Alix por sus padres y hermanos. 

Darmstadt era una pequeña ciudad muy provinciana y además en su familia los medios económicos eran más bien escasos, así que la pequeña Alix disfrutaba enormemente de los periodos de vacaciones en la campiña inglesa, junto a su familia materna. Su madre, la princesa Alicia, la había educado con los mismos principios victorianos que a ella la educaron: un gran amor a la familia y una estricta moralidad y, tal vez por ello, se había convertido en una de las nietas preferidas de la reina Victoria.

Tenía apenas seis años cuando la tragedia vino a teñir su infancia de tristeza. En 1878 hubo una epidemia de difteria en Darmstadt de la que no se libró ningún miembro de la familia ducal. El Neues Palais se vistió de luto, la madre y la hermana menor de Alix murieron como consecuencia de la epidemia. La pequeña Alejandra no se recuperaría del dolor de la orfandad y a partir de entonces su rostro siempre reflejaría un fondo de tristeza. Su timidez y retraimiento se irían acentuando. 

Alix de Hesse

La educación de Alix estuvo tutelada por la Reina Victoria, a quien sus profesores informaban de los progresos de la niña. Victoria había decidido que en ausencia de su madre a ella le correspondía la obligación de velar por la buena educación de su nieta. Alix pasaba los inviernos en Darmstadt y los veranos en el Reino Unido. Allí se reunía con la mayoría de sus primos bien fuera en Osborne, en Balmoral o en Windsor pero, a pesar de estos periodos de confraternidad siguió siendo una niña introvertida y solitaria. 

El año 1884 marcaría su destino. Su hermana mayor, Isabel, iba a contraer matrimonio con el Gran Duque Sergio, hermano del Zar de Rusia Alejandro III. Alix tenía 12 años y seguía siendo tímida y retraída lo que le impedía disfrutar de los grandes acontecimientos por tanto, acudir a Rusia para asistir al enlace no supuso para ella ninguna alegría. Sin embargo cuando llegó quedó impactada por el esplendor, el lujo y la riqueza de San Petersburgo. Acostumbrada como estaba a las estrecheces económicas de su familia en Darmstadt, el palacio imperial de Peterhof le pareció el parangón de la opulencia. 

No obstante no fue el lujo lo que más impresionó a Alejandra sino el hijo y heredero del Zar, Nicolás. También el joven, que tenía 16 años, se sintió impresionado por Alix y cabe suponer que ambos se prometerían amor eterno.

Nicolas II

Los años pasaban, sus hermanas mayores se habían ido casado y en Darmstadt tan sólo quedaban ella y su hermano Ernesto, el heredero, junto a su padre. Alix se había convertido en una joven alta y delgada, con un rostro de delicadas facciones pero, seguía siendo extremadamente tímida y el hecho de tener que asumir las funciones de representación femenina del ducado y tratar con gente extraña la sumía en un estado de ansiedad cercano a lo patológico. Tampoco su salud  era buena y, a pesar de su juventud, sufría crisis de ciática que la dejaban postrada y sin poder andar en muchas ocasiones. También eran frecuentes en ella las otitis y las jaquecas. 

La reina Victoria, para la que Alix seguía siendo su nieta favorita, tenía el plan de casarla con su nieto Alberto Victor, hijo del príncipe de Gales y por tanto el segundo en la linea de sucesión. Pero Alejandra - que seguía enamorada de Nicolás - rechazó la oferta. 

El 1892 murió su padre y esta nueva pérdida la abatió por completo y la colocó al borde de la depresión. Su abuela Victoria - que la invitó a pasar una temporada con ella - y su dama de compañía Gretchen Von Fabrice, lograrían con paciencia y cariño, animarla. 

Con ocasión de la boda de su hermano Ernesto volvería a reunirse con Nicolás. Ambos jóvenes se darían cuenta de que seguían enamorados y que deseaban pasar el resto de su vida unidos. Esta boda no sería del agrado del Zar, a quien no gustaba el origen alemán de la joven, ni tampoco de la reina Victoria, a quien no gustaban los Romanov pero, pese a todo, Alejandra empezaría a prepararse para el matrimonio y para abrazar la religión ortodoxa.

Alejandro III moría el 1 de noviembre de 1894 y Nicolás era proclamado nuevo Zar. Todavía no había transcurrido un mes de estos hechos cuando se casaba con Alejandra. 

Boda de Nicolas y Alejandra. Laurist Tuxen. Palacio de San Petersburgo

Alix conocía muy poco de su nuevo país, no hablaba su idioma- nunca lograría hablarlo con fluidez- y desconocía sus costumbres. El pueblo ruso, supersticioso como era, auguró a la pareja un mal reinado puesto que un ataúd negro había precedido a la boda, y no se equivocaron. 

El día de la coronación de la nueva Zarina, y para que todo el mundo pudiera festejar el acontecimiento, se sacaron carros de comida para distribuir entre la población.El pueblo ruso, hambriento, se abalanzó hacia la comida pisoteando todo y a todos los que se pusieran delante. Hubo bastantes muertos. A pesar de ello Alix continuó festejando su coronación. 

El carácter tímido de Alejandra era interpretado por sus súbditos como frialdad y distancia y no despertaba simpatías. Tampoco ella se sentía atraída por el arte y la cultura rusas y además su comportamiento, a raíz de convertirse en zarina, se tornó autoritario. De hecho influyó enormemente en su marido para que desoyera cualquier consejo y gobernara con todo el autoritarismo que, según consideraba ella, el poder absoluto del Zar debería tener. 

En 1895 nacería su primera hija, Olga, que lógicamente, produjo una gran decepción puesto que todo el mundo esperaba un varón continuador de la dinastía. Las decepciones continuarían ya que, después de esta primera niña, nacerían otras tres: Tatiana, María y Anastasia. También el pueblo ruso se mostraba decepcionado y su antipatía por la Zarina aumentaba. Hubo que esperar hasta el 12 de agosto de 1904 para que naciera el ansiado varón que recibió el nombre de Alexis. No iba a durar mucho la alegría ya que, poco después de su nacimiento, se evidenciaría que Alexis sufría hemofilia.



Alejandra, Zarina de Rusia. Veber. Russian Museum

Alejandra, consciente de que era ella la que había trasmitido la enfermedad a su hijo, cayó en la desesperación. La sobreprotección a la que sometió a su hijo fue enorme, una enfermera, Marie, vigilaba constantemente al niño para evitar cualquier percance y siempre había médicos en palacio para su cuidado ya que el zarevich sufría fuertes dolores debido a hemorragias intraarticulares. Pero a la zarina Alejandra no le bastaba con esto, ella quería la curación de su hijo, ella quería un milagro.

Aparecería entonces en palacio, de la mano de Anna Výrubova, una de las damas de la Corte, un monje extravagante, maníaco y egocéntrico pero con un gran poder de persuasión y dispuesto a hacer creer que podía hacer el milagro: Rasputin. Lo primero que hizo el monje fue retirar del tratamiento que llevaba el Zarevich la aspirina que le daban sus médicos para aliviar sus dolores. De éste modo consiguió disminuir las hemorragias de Alexis y desde ese momento Alejandra empezaría a creer que el monje era un enviado de Dios. 

Gregori Rasputin

Rasputin tenía un enorme carisma así que, tanto Alejandra como su hijo, estaban subyugados por él. Su influencia llegó a ser tan grande que no había decisión del Zar o la Zarina - cuando actuaba de regente - que no hubiera recibido previamente el visto bueno del monje. En el gobierno y en la corte se consideraba que ésta influencia era absolutamente nefasta para el Imperio y finalmente Rasputin fue asesinado en diciembre de 1916. 

Durante la Regencia de Alejandra el gobierno ruso se deterioró rápidamente. La primera guerra mundial supondría una carga insoportable, los recursos escaseaban y aparecerían las hambrunas. Nicolás II era incapaz de controlar su Imperio, el pueblo ruso tan vasto, tan pobre y tan desesperado no aguantaba más y estalló la revolución. El Zar fue obligado a abdicar en marzo de 1917.

La familia Imperial pasó unos meses de reclusión en Tobolsk, en Siberia. En abril de 1918 fueron trasladados a la Casa Ipátiev, en Ekaterimburgo. Allí, el 17 de julio, a medianoche, fueron ejecutados No murieron solos, junto a ellos fueron fusiladas algunas personas de su servicio. 


La Familia Imperial


En 1979, los historiadores Aleksandr Avdonin y Geli Riábov hallaron la posible tumba de la Familia Imperial en un lugar cercano al bosque de Koptiakí, pero ésta no fue abierta hasta 1991. Tras los exámenes de ADN, se concluyó que los restos encontrados correspondían a la pareja imperial y a tres de sus hijas. Faltaban pues los del zarevich Alexis y los de una de sus hermanas. La leyenda de que la Gran duquesa Anastasia se había salvado se había iniciado ya mucho antes.

En 2007 se encontró otra fosa a unos 70 metros de la primera, en la que fueron hallados los cadáveres de un varón de entre12 y 15 años y una mujer de 15 a 19. Los estudios de ADN demostraron que los restos correspondían a Alexis y a una de las grandes duquesas, o bien María que tenía 19 años o bien Anastasia que tenía 17. Los ADN de los hijos del Zar y de su esposa fueron cotejados con el del duque de Edimburgo - esposo de la actual reina del Reino Unido - emparentado con la Zarina. 

En 1998 se les dio sepultura en la catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo. En el año 2000 fueron canonizados por la Iglesia Ortodoxa.